martes, 15 de septiembre de 2009

Loca por los locos

Sospecho que a los que os bajáis series en plan hardcore (hardcore la bajada; no las series), este post os parecerá totalmente pasado de moda e irrelevante, pero si tengo un blog es para explayarme sobre cosas que me interesan. Si escribes sobre lo que NO te interesa se llama "periodismo".

Cuando trabajaba -es decir, hace apenas una semana- nunca quise engancharme a tantas y tantas series de moda para no quedarme hasta las quinientas pendiente de descargar el capítulo más reciente (mi conexión a internet merece un post aparte).

La verdad es que me abrumaban algunos compañeros de trabajo que se pulían los capítulos de Deadwood, The Wire, Little Britain, My name is Earl, Weeds o lo que fuera con la misma facilidad con la que yo me casco los gin tonics. Siempre había una serie nueva. Y sí, con algunas (Lost, El Ala Oeste) caí de bruces. Con otras (Los Soprano, A dos metros bajo tierra) tuve escarceos, abortados por la falta de continuidad de mis "dealers" de capítulos. Y en algún que otro caso (Heroes) me llevé un desengaño de proporciones exísticas, al llegar al final de la temporada y darme cuenta de que había estado haciendo el tonto durante trece capítulos, trece horas de mi vida que ya no iban a volver nunca.

Pero.... siempre hay un "pero". Resulta que al ladito de mi casa está el videoclús más maravilloso de las galaxias conocidas (y en particular de Barcelona). Y que tienen un montón de series. Y que la semana pasada, coincidiendo con mi salto al abismo INEM, les trajeron la segunda temporada de Mad men. Y que yo quería ver esta serie hace un montón. Y que soy una friki de cierta cultura yanqui (yo juro sobre el New Yorker, y no sobre el Corán). Y que me habían dicho que no era nada políticamente correcta.

Dicho y hecho. He arrasado. Para los que no sepan nada al respecto: Está ambientada en una ficticia agencia de publicidad de Manhattan, Sterling Cooper, a principios de los años sesenta.Los ejecutivos son un montón de tíos de clase media puteros, y con frustradas aspiraciones artísticas (literarias, mayormente) que vuelcan en su trabajo. Luego está el resto del mundo: las mujeres, los negros, los judíos, los niños... El universo desde la perspectiva macho alfa, pero con dinero y algo de cultura. Sacad a los personajes de John Cheever de sus salones, sus trenes de enlace y sus piscinas, y sabréis a qué me refiero.

El prota de este sarao es Don Draper, macho dominante entre los machos dominantes, creativo de gran empatía y marido de muchos secretos, además de guapetón rematado (es política de este blog glosar el físico de los señores guapos cuando la autora lo considere conveniente). El bueno de Don parece que lo tiene todo: una mujer que se parece a Grace Kelly, dos niños sacados de un dibujo de Norman Rockwell, un trabajo bien pagado, una amante beatnik. Pero no tiene identidad. O no la que él dice.

A su alrededor orbita una pléyade de personajes vivos y tridimensionales, a menudo odiosos o desconcertantes. Está Peggy, la inteligente pero ingenua secretaria de Draper, que aspira a mucho más que teclear en una máquina de escribir eléctrica y a veces parece conformarse con mucho menos. Está Joan Holloway, la estilosa jefa de secretarias resignada a su papel de sexywoman. Está Roger Sterling, el dueño de la agencia, un Don Draper más viejo y menos torturado. Está Paul, un niño pijo que quiere ascender, y que no entiende por qué no cae bien a nadie. Y muchos otros personajes, que pueblan este entorno algo opresivo, ya a punto de entrar en la era Kennedy, recreada hasta el detalle más ínfimo. Mi madre y mis tías siempre han dicho que algunas películas valen la pena por la ambientación (normalmente se refieren a productos tipo James Ivory) y éste podría ser un buen ejemplo.

Sin embargo, Mad men no es sólo su magnífica, deslumbrante recreación. Es también una serie en la que a veces parece que no pase nada, en la que los personajes viven unas soledades desoladoras, aunque nunca o casi nunca los vemos sin compañía. El hombre como lobo para el hombre. Don Draper es un chungo, pero es un chungo producto de su época, con su cosas buenas y sus debilidades. Su trabajo, de un sofismo exquisito, consiste en reducir las emociones a eslóganes que convenzan. Su vida es como la nuestra, una lucha entre el conformismo y el deseo de algo más, de ese algo más que se intuye que hay (o que había y has dejado pasar) cuando los días de tu juventud se van tornando en los de la mediana edad. Desde la pantalla nos interpela como parafraseando a Baudelaire- Hipócrita espectador -mi prójimo- mi hermano.

4 comentarios:

Jónatan dijo...

En lugar de darte mi opinión sobre la serie te paso la url de un libro que seguro que te gusta -Más aún, que seguro que conoces ya.- llamado "Lo mejor de la vida".

http://www.megustaleer.com/me_gusta_leer/Libros/L/Lo-mejor-de-la-vida-ES/Lo-mejor-de-la-vida

Resumiendo, la vida y vivencias de cuatro secretarias de una editorial -revistas y libros- en el cambiante mundo de los años '50.

MariCalpi dijo...

¡No lo conozco! ¡Falti! (en mesetario= ¡Nole!). ¿Por qué no habrá librerías de guardia a estas horas?

Vero dijo...

Es una de mis favoritas, ayer mismo vi mi último episodio (sin detalles de en qué punto estoy), en el que casualmente se muestra una escena de final de embarazo, parto, y roles de cada género en los EE. UU. de la época. Brutal.

Todo, como siempre, envuelto en una densa nube de humo y regusto de whisky y de coñac!

_Xisca_ dijo...

A mí esta serie me atrae cada vez más, a John Cheever además ya le conozco, y supongo que iré comprándome todos sus libros a medida que los vea (y tenga posibles, claro). Me la imagino un poco como "Lejos del cielo", esa película de Todd Haynes, quizá menos sentimental y con un poco más de humor, aunque no me gusta crearme falsas expectativas.

Me interesa mucho eso de que haya un personaje beatnik, no sé si había sucedido antes.

Cómo no puedo verla, me leo algunos recaps en "Defamer" y más me convenzo de que me encantaría...