lunes, 30 de noviembre de 2009

Mi gran novela secreta

Nadie en su sano juicio podría explicarse por qué, estando en paro, llevo dos meses sin tocar este blog. Pero tiene una explicación, y como bloguera vuestra que soy, os la voy a dar.

Todo comenzó cuando se suponía que había encontrado de nuevo trabajo. Una amiga, M., que había sido mi jefa en mis años de la tele, me llamó para decirme que necesitaba una guionista para un programa de ciencia que se iba a hacer en cierto canal temático. ¡Genial! Me compré un montonazo de libros sobre temas que desconocía -yo, que soy de letras puras-, todos ellos con títulos en los que salían palabras como "impostura", "relatividad" o "paradigma". La verdad es que me estaba gustando, pero cuando ya teníamos entrevistado al primer invitado que tenía que venir -un oceanógrafo que dice cosas muy interesantes- el programa se fue a la porra, por un cúmulo de razones nebulosas (que, cuando no se trata de las audiencias, es lo que causa la ruina de los programas de tele). D.O.A., como dicen en las pelis de guerra yanquis. Mi abandono del paro nunca llegó a producirse.

Y en éstas nos plantamos casi en noviembre. No sé qué santo se me apareció, pero recordé que en algún lugar yo había leído que noviembre era (es) el NaNoWriMo, es decir, un presunto National Novel Writing Month. Lo que a la práctica supone que frikis de todo el mundo se juntan a través de internet para escribir, en los treinta días de rigor, una novela cada uno. Y la novela en cuestión debe tener un mínimo de 50.000 palabras (que vendrían a equivaler a unas 120 páginas). Suena a plan desesperado y desquiciado, y lo es. Ni me lo pensé. Cogí la sinopsis de un novelón histórico-gastronómico que me rondaba por la cabeza desde la primavera y me apunté. He escrito las dichosas 50.000 palabraas, un tercio más o menos de la sinopsis. Por motivos que no vienen al caso, por las mañanas tenía otras obligaciones que me impedían largarme de delante del ordenador, lo que me ha llevado a pegarme jornadas de doce horas durante un mes. No sé si estoy orgullosa, descansada o asustada de haber terminado, pero en cualquier caso sé que sólo es un principio. ¿Habrá alguna luz de cordura al final del túnel de la novela? ¿Conseguiré acabarla, ahora que ya se acaba lo del NaNo? Me gusta de mí misma el haber sido capaz de tener la disciplina para hacer algo que nadie me exigía, no haberme censurado, y haber tenido el egoísmo suficiente para creer en ello. Y me disgusta la vergüenza que pasaré cuando revise lo escrito, así como todo el trabajo que me queda por hacer. Espero, mientras, volver a tener tiempo para este blog.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Black is beatiful

Lo ha dicho Silvia Grijalba y no le falta razón. En su artículo Yo también he sido gótica y gorda (y adolescente) expone una verdad como un pino, a saber, que es que las hijas de Zapatero, oh conmoción, no son muñecas Barbie de tardes en Joy Eslava (¿existe aún Joy Eslava, pregunto desde el País Hermano?) y boda en El Escorial, sino crías de verdad.

Porque sí, amigos, yo también he sido gótica y gorda y adolescente, aunque no espacios de tiempo coincidentes, ya que a mí lo del gotiquerío me llegó tarde, entrada en la veintena y se me pasó en cuanto se murió mi padre y me di cuenta que la muerte tiene poco de poético y mucho de mierda. El caso es que esta mañana, como todo el país, me he desayunado con las foticos de la visita a los Obama. Y he pensado que si yo hubiera intentado hacer algo semejante -no sé me ocurre el qué, ¿visitar a mis tíos? ¿presentarme así en un festival del cole?- las presiones que mi entorno hubiera ejercido para que capitulara y adoptara un atuendo más ad hoc hubieran sido de aúpa. Y eso que en mi casa no había asesores de imagen ni jefes de protocolo. Pero ellas han dicho no, yo me visto así y eso es lo que hay.

No sé ni qué edades tienen estas chicas, pero por sus tamaños deduzco que están en la época chunga-chunga de los años escolares. Aquella en que mientras tú te quieres leer tus novelas de ciencia ficción y tus mangas, jugar a tus juegos de rol, escribir tu poesía y escuchar a los Joy Division, las zorroides barbiguapas se reirán de ti porque tú te empeñas en no hacer faltas de ortografía, no saltas el plinto y te interesa más Jane Austen que los Jonas Brothers. Y se quedarán con el acnéico por el que suspires en ese momento. Aún no sabes que dentro de diez, quince años, su ortografía no habrá mejorado y sus aspiraciones vitales seguirán más o menos igual, hijo aquí, hipoteca allá.

Y puede que las tuyas tampoco hayan variado, pero tú, al menos, aunque ahora vistas de colorines, podrás mirar atrás y decir que tu padre te llevó a la Casa Blanca a pesar del pintón que gastabas entonces. Yo no sé si a estas niñas hoy les han fastidiado el día con todos los comentarios crueles que corrían por internet, y la vida entera al perderse su privacidad. Sólo digo que espero que las cosas les vayan bien, que ahora sé, y ojalá hubiera sabido entonces, que la adolescencia por suerte sólo se pasa una vez, y que es demasiado corta para ir haciendo concesiones. Sobran oportunidades durante el resto de la vida.

viernes, 18 de septiembre de 2009

A la que salta

Desde que perdí el trabajo amigos y conocidos se han volcado en ayudarme a encontrar uno nuevo, y están repartiendo mi currículum por todas partes con un afán encomiable. El otro día, una amiga me ofreció mandarlo a un grupo de mujeres emprendedoras del que forma parte, y una de ellas no tardó ni cinco minutos en responderme. Su mensaje fue éste, que os transcribo convenientemente editado y redactado para evitarme marrones legales (en rojo, podéis leer mis comentarios):

Hola MariCalpi,

Soy socia-asesora de XXXXXX, un proyecto desde el que ofrecemos acompañamiento en el Desarrollo Profesional, apoyando la gestión de carrera y búsqueda de nuevas opciones de futuro. (¿"Desarrollo Profesional"? ¿Y esas mayúsculas arbitrarias? Mi plantilla del blog también las pone y las DE-TES-TO)

Estamos especialmente orientados a ejecutivos y directivos (Tú no te has mirado mi currículum, ¿verdad? Soy periodista de a pie, y no he tenido nunca en la vida un cargo directivo.), a los que nuestro Programa de Transición Profesional facilita la definición del Objetivo Profesional (de eso ya gasto: encontrar trabajo otra vez), a través de una metodología específica. De este modo, conseguimos el máximo encaje, no sólo con la experiencia anterior, sino también con las motivaciones y las competencias del usuario (pero ¿me encontraréis un empleo, o no? Nótese además que hay un error de concordancia como la copa de un pino: ¿entre qué o quién es el encaje?).

Tras un proceso inicial de Reflexión (lo que yo conozco como "paro", sin mayúsculas), concretamos el Perfil Objetivo (vamos, el maldito currículum) y definimos la estrategia de comunicación adecuada para alcanzarlo. Ofrecemos también apoyo para la campaña de búsqueda -networking (ah, la típica palabreja en inglés que parece que impresiona pero que sólo significa "contactos". Conozco a un porrón de gente de la profesión y solemos quedar para tomar copas y quejarnos de lo mal que está el patio.), comunicación (de eso sé algo: llevo quince años trabajando en el tema, como sabrías tú también si hubieras leído el, repite conmigo, CURRÍCULUM) y entrevistas-, a través de nuestra amplia red de contactos con especial incidencia en el ámbito geográfico de XXXXXX.

Nuestra primera sesión es gratuita y sin ningún tipo de compromiso, anímate a visitarnos y tener una entrevista conmigo. ¡Espero su llamada! (¡Claaaaro, el viejo método del marketing del camello!: la primera dosis es gratis. Segundo error de concordancia, primero me tutea en "anímate" y luego pasa al usted con "su llamada").

Al final está el típico "disclaimer" de que el mensaje es ultramegasúperconfidencial y que se autodestruirá en cinco minutos causándome dolor y picores en las partes pudendas si lo divulgo, algo que en el caso de un spam me parece que es de un morro considerable y vagamente ilegal.

Dicho lo cual, entiendo que cada cual se gana el pan como puede y que la señora que me mandó la carta tiene como obligación estar a la que salta con los posibles clientes. Y probablemente su servicio sea una buena idea para personas que llevan mil años en la misma empresa y que jamás han tenido una entrevista de trabajo ni se han redactado, ejem, ejem, un currículum en condiciones. Mirando la web de la compañía aparecen varios casos de éxito y no tengo por qué dudar de su veracidad. Lo que me molesta sobremanera son dos cosas:

a) que alguien que figura que te enseña a "venderte" no sepa que la primera lección es personalizar tu oferta a tu objetivo. Jamás de los jamases hay que mandar una carta modelo, sino que debes adaptarla a las características concretas del caso...

b) que mirando la carta y la web quede claro que en muchos casos impulsan a sus clientes a establecerse como freelances o emprendedores. Una opción que, en periodismo, uno nace sabiendo que acabará por tomar en algún momento de su carrera profesional, más que nada porque ese mercado laboral que afirman conocer tanto lleva inexorablemente a ello por culpa del cierre de medios, la revolución digital, la maldita crisis...

En fin, que seguiré buscando. Por mi cuenta.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Mujeres como mi madre

Anuncio de Línea directa (poco más o menos): "Meter a una abuela con falda en un coche se convierte en una especie de Tetris".

Anuncio de Gas natural: "Mamá (dirigiéndose a una señora mayor como si fuera idiota) no hace falta que ventiles la casa todo el día, se pierde calor".

Ayer mi madre cumplió 75 años. Y hoy, como cada día, me sigue sorprendiendo el odio que gastan los publicistas con las mujeres mayores. Podríamos pensar en motivos sociológicos: Las ancianas no son exactamente el consumidor más pastoso del universo, y en muchos hogares no toman las decisiones de compra y consumo. Pero a mí me huele a machismo y autocomplacencia.

Que a estas alturas sea un tropo común en los anuncios que una suegra se caracterice por meterse en la vida del yerno, que la abuela sea una desinformada o que, directamente, no aparezcan si no es en los anuncios de crema antiarrugas -en versión Jane Fonda, estrictamente- quizá no sea motivo de sorpresa. Cada empresa es libre de vender sus productos como mejor les parezca y a enfocar su márketing al consumidor que les parezca más oportuno. Dicho lo cual, yo también soy libre de gastarme el dinero donde me plazca, y a partir de ahora declaro mi objección monetaria a las empresas palurdas que piensan que conseguirán mi complicidad denostando a un colectivo que ha levantado este país.

Mi madre cumplió ayer 75 años. Es de la misma semana que Sofia Loren y Brigitte Bardot. De jovenzuela, gastaba un aire a la italiana, y hoy tiene una piel y un sentido del humor, una mirada de inteligencia, que espero alcanzar algún día. Ha criado a cuatro hijos y varios nietos. Se metió a empresaria con más de cincuenta años. Ha conseguido, con su esfuerzo y su trabajo, tirando de carros y carretas y sin que nadie le regalara nada, crearse una cultura y una vida confortable. Con un marido que era fundamentalmente un hombre bueno, pero con el que a veces, como solía pasar con los hombres buenos de su época, también tocaba lidiar. Y sin perder el carácter, la bondad ni el sentido común. Y todo esto cuando las cartas que le dieron al nacer no eran ni mucho menos de repoker. Como ella, tantas otras mujeres mayores, ésas que la publicidad menosprecia o ignora, han luchado para que sus descendientes tengamos una mano mejor. Qué menos que exigir que se las respete.